La modulación de la voz: volumen, entonación, ritmo y pronunciación

Con nuestra voz podemos entusiasmar, tranquilizar, convencer, crear confianza y dar seguridad; así como también, desagradar, irritar, disuadir, crear desconfianza y preocupar a los demás. Por lo tanto, para poder hablar en público de forma eficaz y sencilla (ya sea en una exposición, conferencia, presentación, etc.), no solo el lenguaje corporal debe ser acorde con cada parte de nuestro mensaje, sino también la voz.

Imagina un conferencista que pronuncie su discurso con un tono de voz monótono o débil, ¿sería muy aburrido y difícil de soportar, verdad? ¿Pero, qué pasa si utiliza tonos de voz que se elevan en las partes dramáticas y que bajan en las partes reflexivas o emotivas, además cambia la velocidad del discurso y enfatiza sobre los aspectos más importantes? En este caso, captaría aún más nuestra atención y el mensaje quedaría grabado en nuestra memoria.

La modulación

La modulación no es solamente variar el sonido de la voz, sino también cambiar el volumen, ritmo y tono. Esta hará que una presentación sea mucho más atractiva, sin embargo, la alteración debe hacerse con armonía y suavidad. En otras palabras, sin que resalte a oídos del oyente. En caso contrario, hará que la voz suene artificial e influya en la exposición, haciendo que la audiencia pueda sentirse incómoda.

Pronunciación

La pronunciación es la columna vertebral del discurso. Una mala pronunciación hará que el público no capte o entienda el mensaje, se distraiga y pierda interés en la presentación, además, le resta profesionalidad al orador. Por lo tanto, la pronunciación debe ser correcta para que el mensaje no se desvirtúe y llegue de forma eficaz a la audiencia.

Los casos más comunes de pobre pronunciación son la omisión de consonantes o vocales, agregar consonantes donde no van, vocales mal pronunciadas, pronunciación a medias, etc. Para mejorarla se recomienda leer en voz alta, además recitar trabalenguas por un lapso de 20 a 30 minutos al día. Estos ayudarán a mejor la dicción, permitiendo pronunciar de manera más clara las palabras y también evitar problemas de titubeo al hablar.  Lo ideal es recitar trabalenguas que contengan consonantes diferentes varias veces, intentando aumentar poco a poco la velocidad, sin descuidar la buena pronunciación. También se puede probar con un lápiz debajo de la lengua o exagerando el movimiento de la boca, labios y lengua.

Seis trabalenguas que puedes utilizar son los siguientes:

1

Un trabalengüista muy trabalenguoso

creó un trabalenguas muy trabalenguado

que ni el mejor destrabalengüista

podría destrabalenguar.

2

Me han dicho un dicho,

que dicen que he dicho yo.

Ese dicho está mal dicho,

pues si yo lo hubiera dicho,

estaría mejor dicho,

que ese dicho que dicen

que algún día dije yo.

3

Si cien sierras aserran cien

apreses, seiscientas sierras

aserran seiscientos apreses.

4

Si tu gusto gustase el gusto

que gusta mi gusto,

seríamos del mismo gusto,

pero como tu gusto no gusta el gusto

que gusta mi gusto,

no somos del mismo gusto.

5

María Chuchenna su choza techaba,

y un techador que por allá pasaba,

le dijo:

– Chuchena,

¿tú techas tu choza, o techas la ajena?

Graduación del volumen

Si se desea resaltar los puntos importantes o estimular a la audiencia (como por ejemplo, a comprar un determinado producto), variar el volumen es fundamental, ya que este añade expresividad a lo que se está diciendo. Sin embargo, esto no significa subirlo o bajarlo de forma monótona, o levantar la voz con mucha frecuencia, el cambio debe ir de acuerdo a la información. Al resaltar una palabra con un ligero aumento de volumen, se le añade más importancia con respecto al resto de la frase, haciendo más ameno el discurso. Por el contrario, bajar el volumen en los momentos adecuados puede crear expectación por lo que sigue.

Cambio de ritmo

Cambiar la velocidad del discurso cuando se crea necesario es fundamental, ya que le otorga más interés a la presentación y capta aún más a la audiencia. Los cambios de ritmo deben ir de acuerdo a lo que se expone, con los sentimientos que se desean expresar y el objetivo del discurso. Por ejemplo, cuando se quiera transmitir entusiasmo, se aumenta la velocidad; las ideas principales, los puntos culminantes o cualquier argumento de importancia, a ritmos más lentos.

Variar el tono o entonación

En un discurso no se debe utilizar siempre el mismo tono de voz, éste debe variar pero sin esforzar la garganta. Al igual que los casos anteriores, el cambio debe ir acorde a lo se expone. Por ejemplo, para expresar emoción se puede elevar el tono, para la tristeza y la preocupación un tono más bajo. Estas variaciones acompañadas de expresiones faciales y corporales ayudaran al orador a llegar al corazón de su auditorio.

En general, con la modulación de la voz, acompañada junto a los gestos, ademanes y expresiones faciales adecuadas, se logrará dar vida a las presentaciones, despertando sentimientos en el auditorio. Sin embargo, es importante hacerlo con naturalidad, para ello se debe respirar correctamente; no inhalar profunda y forzadamente, ni respirar con mayor rapidez de lo normal. Lo ideal es inhalar de manera profunda utilizando el diafragma y controlando la salida del aire para que sea suave.